e mërkurë, 23 janar 2008

10. ¿CREÓ DIOS AL HOMBRE?

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10. ¿CREÓ DIOS AL HOMBRE?

Hemos venido hablando de las formas en que Dios actúa, las formas en que ejecuta sus decretos. Los ejecuta, dijimos, primero con la obra de la creación, y, segundo, con las obras de su providencia.
Luego, en la última charla, hablamos del problema de si la obra creadora de Dios cesó por completo después de que comenzaran las obras de la providencia. ¿Realizó Dios su obra creadora en una sola vez, y después de ello se limitó ya a utilizar el orden de la naturaleza que había creado ; o interfiere de vez en cuando en el orden de la naturaleza en una forma sobrenatural, sin emplear medio ninguno sino con su poder creador inmediato ?

Vimos que la respuesta correcta es la segunda. La Biblia contiene el relato no sólo de las obras providenciales de Dios, sino también de ciertos sucesos que Dios produjo sin emplear medios sino con el ejercicio inmediato de su poder. Estos sucesos, si ocurrieron en el mundo exterior, en contraposición a los que como el nuevo ,nacimiento ocurren en la esfera oculta del alma, se llaman milagros.

Los milagros que la Biblia refiere son ? en su mayor parte al menos, para ser cautelosos ? sucesos que ocurrieron en conexión con la obra que Dios realizó para salvar a su pueblo del pecado. Creo que esto es cierto tanto de los milagros del Nuevo Testamento como de los del Antiguo. Por medio de ciertos milagros del Antiguo Testamento Dios defendió a su pueblo escogido y refrendó la comisión conferida a sus siervos, los profetas. Pero la elección de un pueblo de entre todos los pueblos de la tierra, y la necesidad de enviar profetas con mensajes específicos se debió a la entrada del pecado en el mundo.

Entonces, sin embargo, se plantea la cuestión de si no hubo más actos sobrenaturales de Dios después de la obra inicial de la creación, actos tan básicos par a la constitución misma del mundo tal como la conocemos que nos los imaginamos más como actos creadores que producen el curso de la naturaleza que como milagros que interfieren en el curso natural ya establecido.

En otras palabras, ¿fue la creación algo realizado de una sola vez, o tuvo lugar en varios actos sucesivos de Dios ?

Supongo que el primer impulso de la mayaría de los cristianos, al leer el primer capítulo de Génesis, es preferir la segunda respuesta a la cuestión. El libro de Génesis parece dividir la obra de la creación en seis fases o pasos sucesivos. Desde luego que no es necesario pensar que los seis días de los que habla el primer capítulo de Génesis fueran seis días de veinticuatro horas cada uno. Podemos concebirlos más bien como períodos de tiempo muy largos. Pero ¿acaso no indican seis actos bien distintos en la creación, más que simplemente seis períodos en los que Dios dio forma al mundo ya creado por medio de actos providenciales ?

No es tan fácil contestar a este interrogante como a primera vista podría parecer. John Hurray, quien está al frente del Departamento de Teología Sistemática en el Seminario Westminster, a quien mucho le debo en la preparación de esta serie de charlas, me ha llamado la atención, por ejemplo, a un interesante artículo de B. B. Warfield ? publicado ahora en sus obras completas ? sobre "La Doctrina de Calvino acerca de la Creación. " En él el Dr. Warfield señala que Calvino prefería reservar el término "creación" al acto inicial de Dios por el que hizo las cosas de la nada, y evitaba emplear dicha palabra para designar los actos posteriores de Dios que se mencionan en conexión con los seis días del primer capítulo de Génesis. Esos actos subsiguientes parecería pues que Calvino los consideró como acciones creadoras en el sentido estricto.

Me parece que es mejor no detenerse más a estudiar este problema algo difícil para pasar a hablar de inmediato del origen del hombre.

En este punto al menos ? es decir, en cuanto al origen del hombre ? Calvino, como el Dr . Warfield señala, vio una obra creadora en el sentido más estricto de la palabra; y creo que el lector atento de la Biblia que acepte el relato bíblico como verdadero debe estar de acuerdo con él. El origen del hombre, según la Biblia, no se debió tan sólo a la acción providencial de Dios, gobierno por parte de Dios del curso de la naturaleza ya creado, sino que se debió a un acto de Dios que fue verdaderamente sobrenatural. Dios no ordenó el curso de la naturaleza de modo que se produjera el hombre, sino que El mismo lo creó.

A1 oír esto, quizá algunos den muestras de fastidio. "¿Quiere Ud. decirnos," dirían, "que sostiene esa anticuada teoría de la creación especial del hombre ? Si todo el mundo sabe hoy día que el hombre procede por evolución de animales inferiores ; incluso un estudio elemental de la estructura corporal del hombre en comparación con la de otros animales lo pone fuera de cualquier duda; la teoría de la evolución es ya algo definitivo, y quien la niega es un ignorante que no merece que se le preste ni un segundo de atención."

Bien, antes de que me cierren la beta de una forma tan sumaria, me pregunto si se me permitiría decir una o dos palabras respecto a la forma cómo yo veo que se plantea esa cuestión. No me siento en lo más mínimo competente para discutir la cuestión en forma exhaustiva. Para ello podría referirlos a colegas míos de nuestro seminario de profesores. Pero sí deseo decirles en forma muy breve cuál cree que es en el fondo la cuestión.

Lo que en realidad se discute es si en el origen del género humane hubo o no un acto sobrenatural de Dios.

Hemos visto que en realidad existe un curse natural. Las colas que produce este curse natural tienen a Dios come una causa primera, pero tienen causal segundas en el curse mismo de la naturaleza. Dios las produce, pero lo hace sirviéndose del curse de la naturaleza que El ha hecho.

También hemos visto que de vez en cuando Dios interfiere en el curse de la naturaleza de una manera directa ; entonces no se sirve del curse de la naturaleza ya hecho, sino que actúa en una manera esencialmente semejante a la manera en que actuó cuando hizo todas las colas de la nada con el poder de su palabra.

Cuando tales actos sobrenaturales de Dios ocurren en el mundo exterior en contraposición, por ejemplo, a la esfera oculta del alma, se llaman, come vimos, milagros.

Ahora bien los milagros de la Biblia a menudo están en íntima conexión con sucesos que no son milagrosos sino naturales. Así nuestro Señor pule los dedos en los oídos de un hombre cuando le curó la sordera. El poner los dedos en los oídos del hombre no fue ciertamente un milagro. Pero en íntima conexión con ese hecho perfectamente natural se produjo un milagro. No sabemos con exactitud dónde terminó lo natural y comenzó lo milagroso; pero sí sabemos que se produjo un milagro. Dios en este case sí se sirvió de medios naturales; pero estos medios por sí mismos no fueron suficientes para producir el efecto. Hubo también, además del empleo de medios naturales, un milagro.

Lo mismo ocurre, según la Biblia, en la creación del hombre. Se utilizó el curse natural ya establecido. La Biblia expresa esto en una forma sencilla cuando dice que "Dios formó al hombre del polvo de la tierra." Pero hubo también algo además del use del curse de la naturaleza ya establecido. La Biblia lo expresa en varias formal. Lo expresa, por ejemplo, cuando dice que Dios creó al hombre a su imagen. Parece claro que la palabra "creó" ha de tomarse en el sentido más estricto y excelso.

¿Pero time la razón la Biblia cuando dice esto? ¿Time razón cuando enseña que un acto sobrenatural de Dios intervino en el comienzo de la vida del género humane ?

Mucha gente dice que no. La ciencia moderna, afirman, ha demostrado con claridad que . el hombre es producto de la evolución.

Pero yo pregunto cómo lo ha demostrado. En respuesta a esto, se me dice que hay una semejanza exactísima entre la estructura del hombre y la de los animales inferiores. En este case se puede establecer una cadena ininterrumpida de generaciones que une al hombre con otras formal de la vida animal.

No voy a discutir los hechos que se alegan a este respecto. No me siento competente para ello, y por fortuna no me parece que tenga la obligación de hacerlo. Lo que discuto no es tanto los hechos cuanto la pertinencia de los mismos respecto a lo que realmente se ventila.

Veamos si podemos plantear la cuestión con claridad absoluta de modo que podamos estudiarla lo mejor posible.

A primera vista no parece lo suficientemente clara. Parece permanecer oculta en una región de gran misterio. El origen del primer hombre tuvo lugar hace mucho tiempo. No sabemos can exactitud cuándo tuvo lugar ; ni siquiera la Biblia en realidad nos lo dice. Ni tampoco sabemos dónde tuvo lugar. Parece, por tanto, algo muy alejado de nosotros. El percibir esa lejanía produce en nosotros una cierta confusión.

Muy bien, entonces, tomemos algo que está mucho más a mano. El origen del primer hombre, que los que creen en la Biblia afirman que fue un acto sobrenatural, está muy alejado; pero el origen de la villa humana de otro hombre, que los creyentes en la Biblia afirman que también es un suceso sobrenatural, recibe la luz plena de los tiempos históricos v ocurrió en un país que es perfectamente conocido.

Si uno va a las oficinas de una compañía marítima hoy día puede comprar un pasaje para un, pequeño país llamado Palestina, situado en la parte oriental del Mar Mediterráneo. La historia de ese país es bastante bien conocida. Ha habido períodos oscuros en su historia ? por ejemplo, durante la Edad Media ? pero hobo un período acerca del que poseemos información abundante. Fue el período civilizado y culto durante el cual Palestina estuvo bajo el Imperio Romano.

Para informarse acerca de los hombres y animales que vivieron en ese período, no hay que sacar deducciones de restos fósiles ; no hay que adquirir conocimientos acerca de la sucesión de hechos basados en la forma en que los estratos de la tierra están colocados.

No, poseemos esculturas bellísimas de ese período y otras todavía más bellas de un período algo anterior de Grecia. Poseemos además relatos históricos, y mochas descripciones vívidas de la clase de villa que los hombres de esa época llevaban. En Egipto se han descubierto mochas camas privadas que se escribieron en esos días. De todas estas fuentes de información sacamos la impresión bastante clara de que la gente de esa época no era muy distinta de la que vive hoy día. Eran seres muy iguales a los que ahora llamamos hombres.

En esa época que nos es tan conocida, vivió en un país que todavía podemos visitar hoy día, y en un tiempo que se puede precisar bastante, un hombre que fue conocido como Jesús de Nazaret. Ningún historiador serio niega que este hombre viviera. Vivió no en un período antiquísimo sino en tiempos históricos, y hoy día podemos contemplar los paisajes que él contempló cuando recorremos las orillas del Lago de Galilea.

¿Cuál fue el origen de la villa humana de este hombre llamado Jesús? ¿Descendió de hombres anteriores por generación normal ? ¿Fue producto de la evolución ?

Bien, si tuviéramos tan sólo el tipo de prueba en la que se basa la doctrina de la evolución, sin duda responderíamos en forma afirmativa a esa pregunta; diríamos sin duda que Jesús de Nazaret sin lugar a dudas procedió de hombres por generación. A nadie le dio la impresión de ser de apariencia anormal. Fue sorprendentemente diferente, en realidad, de otros hombres en índole moral y en poderes. Pero no creo que se pueda dudar que, si su cuerpo tal como era cuando vivió en la tierra, estaría en algún lugar enterrado en la tierra ? lo cual, de hecho, no está y si algún arqueólogo o geólogo llegara a descubrir esos restos en algún lugar, esos restos serían sumamente similares a la estructura corpórea de los hombres que lo precedieron.

Qué conclusión se sacaría de ello si se empleara la misma forma de razonar que emplean los defensores del evolucionismo cuando argumentan en favor del origen del primer hombre de otras formas de vida animal? Sí, se deduciría que Jesús descendió naturalmente por generación de los hombres que vivieron antes de él sobre la tierra. La prueba de una descendencia corpórea ininterrumpida, que en el caso del primer hombre no es, después de todo, ni mucho menos completa, ya que, por lo menos, hay vacíos enormes entre los restos del hombre y los de otras formas de vida animal, en el caso del Jesús hombre parecería absolutamente completa. La prueba parecería ser abrumadora.

Sin embargo, a pesar de esa prueba, sostenemos, basados en el testimonio del capítulo primero de Mateo y en el primero de Lucas, que Jesús no descendió por generación normal de hecho de hombres que lo precedieron sino que al comienzo de su vida en la tierra intervino un acto creador de Dios, la concepción sobrenatural en el seno de la virgen María. Ni siquiera el cuerpo de Jesús, para no mencionar su alma, se produjo, pues, según nuestra creencia, sólo por evolución, sólo por generación normal en el curso normal de la naturaleza, sino que reprodujo también por un acto sobrenatural de Dios. Aquí tenemos un ejemplo de creación especial en medio de la misma historia.

Desde luego, mucha gente niega que el relato bíblico del nacimiento virginal sea verdadero . "Se equivocan," nos dicen, "en sostener que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo en el seno de la virgen María. De hecho no fue más que el hijo de José; fue producto de generación normal después de todo."

Muy bien ; ya sé que hay gente que dice esto. Sé perfectamente bien que muchos niegan el nacimiento virginal de Cristo. Pero lo que ,yo digo es que cuando se niega, y cuando al negarlo rechazan la opinión que yo tengo acerca de ello, no pueden tenerme en menos por carecer de cierta cantidad de conocimientos que ellos poseen. No pueden decirme, como los evolucionistas lo hacen respecto al origen del primer hombre: "No sabe suficiente de biología y geología como para tener derecho a opinar; nosotros somos peritos en esas materias, y como tales le decimos que Jesús fue lo dijeran, harían el ridículo. Es obvio que en este asunto el experto en biología no es ni un ápice más competente para juzgar que el hombre ordinario. El parecido corporal entre Jesús y los hombres que vivieron antes de él en la tierra lo admiten todo el mundo. Pero a pesar de tal parecido, basados en lo que consideramos testimonio adecuado, sostenemos que Jesús no descendió de hombre por generación normal, sino que su vida humana la causó la intervención del poder inmediato de Dios en el curso del mundo.

Pero si hubo una intervención inmediata del poder de Dios en relación con el origen de la vida humana de Jesús, ¿por qué ,no puede haber también habido una intervención inmediata del hijo de José por generación normal." Si poder de Dios en el caso del primer hombre? Si el parecido en estructura corpórea no excluye el milagro en un caso, ¿por qué debería excluirlo en el otro?

Estoy perfectamente consciente del hecho de que hay una gran diferencia entre los dos casos ? no sólo una diferencia entre los hombres que comenzaron a vivir en ambos casos como resultado del acto sobrenatural de Dios (ya que Adán fue sólo hombre y Jesús fue Dios hombre), sino también una diferencia en el acto sobrenatural mismo de Dios. Ni por un momento admito que los seres que vivieron antes del primer hombre sobre la tierra fueran parecidos al primer hombre en apariencia externa como los hombres que vivieron antes de Jesús fueron semejantes a él en cuanto al cuerpo. Sostengo que las lagunas que desde luego existen en la prueba de la continuidad entre los animales inferiores y el hombre son muy significativas y no creo que nunca se salvarán.

Pero lo que trato de decir es que la verdadera decisión en cuanto a la opinión que hay que tener acerca del origen del primer hombre no se toma basados en la consideración de las pruebas que aducen biólogos y geólogos. Si se llegara a la misma basados en el estudio de dichas pruebas, posiblemente el hombre ordinario nunca tendría derecho a formarse una opinión. Parecería entonces que se trata de una cuestión que sólo los expertos pueden debatir, y que al hombre ordinario no le queda más que aceptar el veredicto que los expertos emitan. Pero el hecho es que la decisión se alcanza basados en otras clases de pruebas, que entran tanto dentro del ámbito de la competencia del hombre ordinario como del de los expertos.

¿Hay un Dios, creador y señor del mundo? ¿Tiene poder para intervenir en forma creadora en el mundo que ha hecho? ¿Ha intervenido de hecho en forma creadora en el caso de la Persona de Jesucristo y en los milagros referidos en la Biblia?

Si se responde a estas preguntas en forma negativa, entonces no cabe duda que se tendrá una idea revolucionaria acerca del origen del hombre. La, prueba biológica y geológica es obvia que por sí misma no justifica tal idea. Hay, para no decir sino lo mínimo, lagunas asombrosas en la prueba y la pertinencia de la misma se puede poner en tela de juicio. Es obvio que hay que dar un salto al vacío para aceptar la hipótesis evolucionista. Pero ese salto parecerá algo del todo natural al hombre que no cree en un Dios personal y trascendente que es siempre libre frente al mundo que El mismo ha hecho, y al hombre que no cree que en la Persona de Jesucristo Dios ha intervenido de hecho en el curso del mundo con un acto inmediato y sobrenatural.

Por otra parte, para el que no comparte esos presupuestos naturalistas, al salto de la prueba en sí a la hipótesis evolutiva le parece un salto verdaderamente temerario. Para el que no cree que Jesucristo fue un producto de la evolución, sino que cree que vino a este mundo por un milagro estupendo, el testimonio en favor de un origen igualmente sobrenatural del primer hombre le parecerá abrumador. Esa persona dirá con gran confianza no que el hombre es un producto de la evolución sino que Dios lo creó.

11: ¿CÓMO CREÓ DIOS AL HOMBRE?

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11: ¿CÓMO CREÓ DIOS AL HOMBRE?

En la última charla les hablé acerca del tema, "¿Cómo creó Dios al hombre?"

La respuesta que se da a esta pregunta en el Catecismo Menor de las iglesias presbiterianas es como sigue : "Dios creó al hombre varón y hembra, a imagen suya en cuanto a conocimiento, justicia y santidad, con dominio sobre las criaturas." La Confesión de Fe de Westminster formula en forma algo más explícita un aspecto que está implícito en el Catecismo Menor cuando dice que Dios creó al hombre "con alma racional a inmortal . " Quiero hablarles ante todo acerca de este punto tan importante.

No cabe duda de que la Biblia habla de dos principios o sustancias distintos en el hombre ?el cuerpo y el alma.

Esto aparece con toda claridad en el primer libro de la Biblia, en el que, al relatar la creación del hombre, se dice: "Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente." Pero esta idea forma parte tan íntima de toda la Biblia que citar pasajes concretos para , demostrarlo parecería casi superfluo. Cuando Jesús distingue entre alma y cuerpo con las solemnes palabras, "Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno," no hace más que expresar en forma explícita lo que en realidad constituye parte esencial de toda la enseñanza de la Palabra de Dios.
La Biblia no enseña de hecho que sea bueno para el alma estar separada del cuerpo; no está en modo alguno en favor de la idea griega de que el cuerpo es cárcel del alma, y que el estado de separación del cuerpo es un estado de libertad que deberíamos anhelar. Par el contrario, enseña bien claramente que la relación entre cuerpo y alma es algo normal y deseable y que un estado sin cuerpo es un estado de desnudez del que el cristiano quiere verse libre. Así pues, la doctrina cristiana de la resurrección del cuerpo es muy diferente de la doctrina griega de la inmortalidad del alma.

Sin embargo la Biblia sí enseña que el alma es una sustancia distinta del cuerpo, y que puede subsistir, y en el caso de los que mueren antes del retorno de Cristo y del juicio final, subsiste de hecho, separada del cuerpo.

A1 afirmar, pues, la existencia del alma, la Biblia está en pugna directa con muchas tendencias poderosas de la incredulidad moderna. Muchos no creyentes niegan no sólo la existencia de un Dios personal sino también la del alma humana. De hecho las dos negaciones van íntimamente unidas. Hay un dicho que afirma que si uno no cree que existe el alma en el pequeño mundo de la vida del hombre, tampoco es probable que crea que hay un Dios en el gran mundo del universo.

La manera más completa de negar la existencia del alma se halla en la doctrina materialista que se ha resumido en forma pintoresca en el aforismo que dice que el cerebro segrega el pensamiento como el hígado segrega la bilis.

Me pregunto si han sentido ustedes alguna vez el efecto deprimente de esa doctrina, tal como a mí me ocurrió en cierto período de mi vida.

¿Hay algo misterioso, verdad, en la conexión íntima que vemos entre la mente y el cerebro? Ciertas funciones mentales se ha demostrado que están en conexión con ciertas zonas cerebrales. Si se lesionan dichas zonas esas funciones mentales se interrumpen. ¿Acaso no demuestra esto que todas las funciones mentales no son más que reacciones físicas ? formas especialmente complicadas de reacciones físicas, claro está, pero con todo simples reacciones físicas?

Si se toca una planta de hojas sensibles, se contrae y cierra. En el caso de la planta no hay actividad mental ninguna. Ahora bien, ciertas reacciones de los animales y del hombre no parecen ser esencialmente diferentes. Hay un cierto estímulo sensorial; este estímulo se transmite al cerebro por medio de los nervios censores; de inmediato se transmite un impulso desde el cerebro a los músculos, y se sigue una acción inmediata . Parece como si no fuera más que una máquina de gran precisión y delicadeza.

En el caso de algunos estímulos sensoriales la acción no se sigue de inmediato. Los rayas de luz que proceden de una página impresa hieren la retina del ojo; el nervio óptico trasmite la impresión al cerebro; de momento no parece que suceda nada. Vemos al hombre leer. Sigue sentado tranquilamente en el sillón; no parece reaccionar en ninguna forma inmediata a esas impresiones sensoriales.

A veces confieso que me es difícil no reaccionar de inmediato. Hay ciertas tonterías tan enojosas que cuando me las encuentro impresas siento la necesidad de hacer algo de inmediato. Pero me contengo. Sigo sentado; no me cierro como una planta sensible : no doy puntapiés como cuando el doctor me da golpecitos en la rodilla para ver si tengo bien los nervios. Parece que no hago nada.

Pero, dice el materialista, se ha producido una impresión en el cerebro. Esa tontería impresa ha dejado una huella en el cerebro. Después de haberla leído nunca más volveré a ser como antes. La impresión física en el cerebro es demasiado diminuta para que ni siquiera el microscopio más poderoso la pueda descubrir; pero ahí está, y en determinado momento ? quizá años después ?es posible que afecte mi conducta. El cerebro, en otras palabras, posee la facultad de grabar impresiona en forma física, igual que lo que se graba en un disco, y en determinado momento en el futuro lo así grabado se puede reproducir.

Muy bien, todo esto es muy sencillo, ¿no es cierto? Todos los factores desconcertantes han sido eliminados. El universo todo ha sido colocado bajo la égida única de una ley de conservación de energía física.

Claro que alguno de .nosotros, los pobres ignorantes, quizá haga ciertas preguntas. Esa teoría materialista ha explicado muy bellamente todas las acciones físicas del hombre; se explican como debidas en última instancia a impresiones físicas dejadas en el cerebro. Pero en este caso no se olvida algo? ¿Cómo se explica el pensamiento, y cómo la conciencia? ¿No viene a resultar un mecanismo más bien curioso después de todo? ¿Tiene la máquina, por complicada que sea, conciencia de sí misma y del mundo que la rodea? ¿No deberá por tanto ser algo más que una máquina? ¿No deberá ser la mente algo diferente del cerebro?

Bien, el materialista no presta atención a preguntas tan necias como éstas. Desde luego, admite que existe esa curiosa asociación de ciertos fenómenos cerebrales que llamamos conciencia o pensamiento. No se sabe muy bien como explicarlo. No se puede contemplar can el microscopio; no se puede pesar en una balanza química. Pero no debemos preocuparnos mucho por ello. Lo que no se puede ver en el microscopio ni se puede pesar en la balanza química no merece consideración científica. No produce efectos en el poderoso proceso de la naturaleza. Este permanece siempre bajo la ley de la conservación de la energía prescindiendo de esos extraños fuegos fatuos de la conciencia que intervienen en ciertas operaciones naturales. No, no hay por qué preocuparse por minucias intangibles como ésas. "Males y bienes, dolores y gozos" ? esto está muy bien para poetas y niños; pero no merecen la atención del científico.

Esta es la actitud del materialista. Hay en ella una cierta fascinación; posee la fascinación de lo sencillo. Recuerdo, como ya mencioné, que hubo un tiempo en mi vida en que me atrajo. Pero luego leí Naturalism and Agnosticism de Ward y otros libros y pude sustraerme de la misma. O, mejor dicho, Dios me sacó gratuitamente del abismo.

La verdad es que la simplicidad del materialismo es una simplicidad dañina. Es la simplicidad a la que se llega al prescindir de ciertos hechos. Cualquier problema se vuelve simple si se lo enfoca de esta forma ? es decir, si se presciende de los factores que no armonizan con la idea que se time en cuanto a la solución.
Los problemas de ajedrez son en cierto modo parecidos. Se cree tener la solución del problema: "¡juegan las blancas y jaque mate en tres jugadas!" Hace la jugada que creé mejor para las blancas; luego imagina todas las jugadas que las negras podrían hacer; luego las contrarresta todas con jugadas geniales de las blancas. Y de este modo las pobres negras van directas a la muerte. En la tercera jugada de las blancas las negras parecen inevitablemente en jaque mate. Le parece que ha resuelto el problema; se ve a sí mismo como tan genial jugador de ajedrez. Pero luego examina el problema algo más en detalle y descubre que las negras tienen otro escape contra la primera jugada de las blancas. Tiene un alfil o una tome o un caballa que se podría jugar de modo tal que el jaque mate se evitarla.

Bien, pues, ¿qué hace cuando descubre esa posible jugada de las negras? ¿Sigue aferrado a la misma solución del problema? Dice : "Era una solución muy buena, y voy a seguir con ella sin hacer caso de la jugada desconcertante de las negras que la echaron abajo." ¡De ningún modo! No hace jamás esto. En los problemas de ajedrez no existe el "casi acerté." Esa jugada desconocer tanto de las negras echó par tierra su solución como si hubiesen sido dote las jugadas en vez de una. Y sólo debido a la posibilidad de esa jugada de las negras, time que cambiar por completo la primera jugada de las blancas. Time que volver a comenzar desde el principio.

Lo mismo ocurre en el caso del materialistas y de su fácil solución del problema del universo. Time la solución completamente lista. Es una solución muy atractiva. Time toda la hermosura de lo simple. Parece muy digna de que se la sitúe entre las soluciones acertadas en el periódico de mañana.

Pero entonces le salgo al paso y le señalo el hecho de que esa solución prescinde de la presencia, como uno de los factores del problema, de la mente o conciencia o pensamiento.

¿Qué dice cuando se lo señalo? Bien, quizá dice que no le agrada lo que le he señalado. El es científico, dice; y ofende su dignidad tratar de algo tan imponderable como la conciencia o mente.

¿Qué le digo entonces? Bien, me temo que soy algo recalcitrante en cuanto a este asunto. Le digo: "Sí, sé que no le gusta este imponderable que se llama conciencia. No me sorprende que no le agrade, porque echa por completo por tierra su solución del problema del universo. Lo siento por usted, amigo. Debe ser muy desagradable tener que volver a comenzar a buscar la solución del problema. Pero, a la verdad es que no lo puedo evitar. Después de todo tenemos que aceptar los hechos tal como son. No podemos descartar ninguno por el solo hecho de que no nos agrade. Como científico, debería estar de acuerdo con esto."

Esta podría ser la respuesta que daría al materialistas. Espero que no piensen que al dar esta respuesta también yo caigo en esa misma simplicidad inadecuada de la que acusé a mi oponente. Ni por un momento pretendo que con mi solución del problema del universo, que trato de poner en lugar de la del materialista, he contestado a todas las posibles preguntas y he eliminado todos los misterios. Pero con todo me atrevo a afirmar con toda confianza que, cualquiera que sea la solución que le dé al problema, no satisface ninguna solución que no tenga en cuenta la realidad de la conciencia o mente.

En realidad, cuando se piensa en ello, ¿acaso la realidad o mente no es más cierta que la existencia del mundo material? Después de todo, ¿no es acaso la conciencia o mente aquello de lo que con más claridad tenemos conciencia?

Confieso que tengo una cierta simpatía por la posición del idealista a este respecto. E1 materialista dice que la materia es la única realidad. Luego viene el idealista ,y dice, "No, la única realidad es la mente." Digo que tengo una cierta simpatía por él cuando afirma esto. No digo que esté de acuerdo con él. Pero sí me simpatiza. Veo que se engaña, pero por lo menos puedo entender cómo "se desvió."

El hecho es que lo que conocemos en forma más inmediata es nuestra propia mente. Puedo decir, en realidad, que percibo otras cosas aparte de mi propia mente. Digo que percibo un micrófono que está frente a mi rostro en esta estación de radio. Para remedar las palabras de Mark Twain, "parece un micrófono, está situado como un micrófono, y que me maten si no creo que es un micrófono." Así razono si razono como el simplón de Mark Twain al examinar el agujero en el techo, y así razono también si razono como el americano corriente.

Pero luego viene el filósofo idealista, y éste razona en forma distinta. "Dice que ve un micrófono frente a sí," me dice. "Bien, no me querrá decir que cree que el micrófono existe en realidad." Ante esto me alarmo algo. ¿Algo funciona mal en mí? ¿Estoy viendo visiones? Casi temo contestar. Pero por fin me atrevo a hacerlo. "Sí, señor," digo, "sí creo que es un verdadero micrófono." "¿Cómo sabe que lo es?" me dice él. "Porque lo veo," afirmo. "Ahí lo time; es un micrófono de color café." Mi filósofo idealista se sonríe burlón. Es evidente que piensa que me ha acorralado. "¿Qué me dijo?" pregunta. "¿Dijo que el micrófono es color café? Bien, ¿qué quiere decir con "café"? Suponga que el micrófono hubiera siempre estado en un lugar completamente oscuro, y' nunca pudiera estar en ningún otro lugar más que en una habitación completamente oscura; y suponga, además, que no hubiera nadie ni nunca pudiera haber nadie que viera el micrófono, ¿tendría sentido decir que el micrófono era café, negro o blanco? ¿No es, pues, el color del micrófono en realidad algo que está en la mente del que lo contempla y no algo que está en el micrófono mismo?"

Bien, comienzo a reflexionar, y puede que llegue a la conclusión de que quizá haya algo de verdad en lo que mi amigo filósofo dice. El color del micrófono sí parece quizá ser algo que está en la mente del que lo contempla y ,no algo que pertenece al micrófono mismo. Pero luego me acude a la mente un pensamiento brillante. ¿No estoy consciente de la existencia del micrófono por otros medios además de por el sentido de la vista? "Cómo," le digo a mi amigo idealista, "sé que el micrófono existe porque lo puedo tocar. ¡ Tenga ! Lo he tocado. Es duro, tiene un cierto tamaño porque me toma tiempo pasar el dedo de un lado al otro. Entonces, amigo filósofo, ¿qué me dice a esto? No es posible que reduzca algo tan duro y grande como este micrófono a una simple idea de la mente. No se puede tropezar con una idea. Si tropiezo con algo o lo toco sé que no es una idea de mi mente sino algo que sin duda existe."

Pero cuesta mucho reducir al silencio a esos filósofos en una discusión. Para todo tienen respuesta. Y por ello mi amigo filósofo idealista no se impresiona en lo más mínimo con mi argumentación a base del sentido del tacto. "Después de todo," dice, "los sentidos bajo el punto de vista filosófico son todos esencialmente iguales, y todos por igual no merecen confianza. Cuando digo que toco el micrófono, lo único de lo que puedo estar seguro es de una cierta sensación en la mente. Como filósofo no puedo decir más. Así que, si hubiera un mundo externo independiente de mi mente nunca podría saber cómo es. ¿Cómo puedo entonces No lo es realidad."

Así habla el filósofo idealista acerca del problema de la mente y la materia. ¿Qué se puede decir acerca del filósofo idealista? Me temo que algunos de ustedes quizá no tengan reparos en decir muchas cosas. Me temo que algunos de ustedes incluso lleguen a decir que está "chiflado." ¿Por qué perder el tiempo en "tontos" como ése?

Es posible que casi tengan razón en cuanto al filósofo idealista. No digo que no la tengan. Pero, comprendan, cuando una forma de necedad se generaliza tanto como esta filosofía idealista, con su escuela de escepticismo acerca de la existencia de un mundo externo, lo ha hecho en el curso de la historia humana, y cuando prevalece en épocas enteras y se filtra a través de filósofos y poetas hasta llegar a la vida del hombre ordinario en mil aspectos distintos, entonces me parece que hay que dedicarle cierta atención si es que amamos a nuestros hermanos los hombres.

Desde luego que tengo que decir que en su forma lógica ? la única forma en la que se puede hallar algo plausible acerca de ello ? se puede fácilmente demostrar que conlleva consecuencias del todo absurdas. Parte de la base de que es difícil ver cómo se puede estar del todo seguro de cualquier realidad que exista independientemente de la mente. Pero decir que no hay realidad ninguna fuera de la mente es del todo absurdo. Significaría que China, Japón y la India no existieron hasta que tuve conciencia de ellos. Pero, afirman muchos filósofos idealistas, hay otras mentes aparte de la mía, y por ello China, Japón y la India existían antes de que tuviera conciencia de ellos porque existían en otras mentes. En realidad, existían, y todas las cosas existen, como yo existo y ustedes existen, en la mente de Dios.

Así llega el idealismo, a partir de la idea absurda pero consecuente de que las cosas sólo existen en la mente, al deprimente pero menos obviamente absurdo panteísmo que sostiene que las cosas existen sólo en la mente divina.

El problema es, sin embargo, que al dar ese paso la filosofía idealista ha sacrificado todo lo que hace su contenido en cierto modo plausible. En el momento en que admito que hay otras mentes aparte de la mía, he admitido que hay una realidad fuera de mi mente; y cuando he admitido esto he dado un paso realmente difícil y no hay razón ninguna para no seguir adelante y admitir la existencia de todo el mundo externo como lo hace el hombre ordinario.

Me temo, sin embargo, que algunos de ustedes empiecen a impacientarse con toda esta exposición. ¿No es hora, dirán, de que volvamos al sentido común? Y quizá otros quieran volver a la Biblia. ¿No es hora de que regresemos a la Biblia? quizá digan. ¿Acaso esta hora no se suponía que estaba dedicada a la exposición de lo que la Biblia enseña ? Y aquí estamos perdiendo el tiempo en una serie de sutilezas filosóficas.

Por inclinación simpatizo mucho con ambas sugerencias. Estoy del todo dispuesto a volver al sentido común, y a la Biblia. Y lo mejor del caso; es que si hacemos cualquiera de los dos cosas respecto al tema que nos ocupa también hacemos la otra.

La Biblia es un libro con un sentido común extraordinario. En medio de los excesos a derecha o a izquierda, la Biblia sigue el sendero recto del sentido común ; y no parece que le dé vergüenza hacerlo. Con una cierta seguridad majestuosa confirma el juicio común del género humano de que la mente es una cosa y la materia otra, y que ambas existen realmente.

Pero, quizá digan, ¿ qué responderemos a nuestra dificultad inicial ? ¿ Qué diremos de la conexión entre los hechos de la conciencia y los cambios físicos que se producen en el cerebro? ¿Niega acaso que haya cierta conexión?

No, respondo, no niego que existe cierta conexión. Cuando me dedico al poco común ejercicio mental de pensar, a veces acabo con dolor de cabeza. Me atrevo a decir que mi pensar y sentir siempre van acompañados de cierto cambio físico en el cerebro.

Pero ¿cómo explicarlo? El materialista explica esa conexión entre los procesos físicos cerebrales y el pensar de la mente diciendo que sólo existen los procesos físicos y que lo que llamamos mente no es más que una forma muy complicada de proceso físico. La explicación es completamente absurda, cuando se piensa bien. ¿Pero no hay otra explicación satisfactoria? ¿Por qué no explicar la conexión entre procesos cerebrales y procesos mentales diciendo que la mente utiliza el cerebro como instrumento? Esta tesis la defendió vigorosamente Thomson en su obra Brain and Personality que vio la luz hace unos años. Nada se le puede oponer.

No cabe duda de que la relación entre la mente y el cerebro es un gran misterio. Los procesos mentales y los físicos parecen ser tan completamente opuestos. Pero hay muchas cosas misteriosas que sin embargo han de aceptarse como hechos. Por ello con gran confianza podemos aceptar la enseñanza de la Biblia en cuanto a que el hombre tiene un cuerpo y también un alma, y que ni el uno ni la otra son simples apariencias sino que ambos realmente existen.

12: LA IMAGEN DE DIOS EN EL HOMBRE

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12: LA IMAGEN DE DIOS EN EL HOMBRE


En la última charla hablamos acerca del alma del hombre. Dios creó al hombre con un cuerpo, decimos, pero también lo creó con un alma.

Creo que deberíamos sostener no sólo que el hombre tiene alma, sino que es importante que sepa que tiene alma.

Muchas personas parecen pensar que esto no tiene importancia especial. Estudiemos la conducta de la gente, dicen; clasifiquemos las observaciones; y luego tratemos de conseguir que la gente se forme tales hábitos que su conducta sea tal que contribuya al bienestar de la raza. Este, dicen dichas personas, es el método científico genuino. En el mismo debe evitarse a toda costa toda introspección, todas las preguntas que el hombre se quiera hacer acerca de su propia vida íntima, el hablar acerca de la existencia del alma, y cosas semejantes. Basta considerar la conducta humana, estudiarla tal como es, y dejar las cuestiones metafísicas o filosóficas acerca del alma o de Dios completamente de lado.

Tal es su método. Lo extraño es que algunos que, supongo, creen . en la existencia del alma y de Dios parecen pensar que se puede seguir con toda confianza dicho método. ¿Por qué no aceptar los estudios psicológicos que no creen ni en el alma ni en Dios, y luego emplearlos para propagar una filosofía y teología del todo diferente del escepticismo. que ellos profesan? ¿Por qué el cristiano no va a poder considerar las investigaciones de estos psicólogos como adecuadas en su limitada esfera ?

Esta forma de razonar es muy precaria. De hecho, no se puede separar una esfera de conocimiento de otra en compartimientos como ése . No, la idea que alguien time acerca del alma y de Dios afectará la interpretación que le dé a los fenómenos de la conducta humana; y, por otra parte, al observar desde una perspectiva falsa o limitada los fenómenos de la conducta humana afectará la idea que alguien tenga acerca de la existencia del alma y de la existencia de Dios.

Creo, pues, que es no sólo importante que tenga alma, sino que es importante también que sepa que la tengo.

¿Qué significa, entonces, decir que tengo alma?; Qué quiere decir la Biblia cuando afirma que tengo alma ?

Ante todo quiere decir lo que les expuse en la charla anterior. Quiere decir que los materialistas están equivocados, y que, contrariamente a lo que ellos piensan, la mente o conciencia es algo diferente del cerebro.

Pero también quiere decir algo más que eso. Quiere decir no sólo que el hombre time mente o conciencia, sino también que esa mente o conciencia es una unidad. No es una simple fuente de conciencia, sino la conciencia de una persona. No es tan sólo que dentro de mí se da el pensamiento, sino que yo pienso. Fui yo hace machos años, y es el mismo yo en la actualidad, y será el mismo yo toda la eternidad. Esto quiere decir la Biblia cuando me dice que tengo alma:

Es algo muy aterrador este terrible aislamiento del alma individual. Los teólogos y filósofos lo han expresado en muchas obras eruditas; y también lo expresa el clamor del corazón humano. Se manifiesta, por ejemplo, en las palabras de una canción negra que me gusta macho. ¿La han escuchado alguna vez con ánimo alegre como si fuera algo divertido? Bien, si la han escuchado alguna vez así, me parece que dirán que aunque quisieron reír salieron orando. Recuerdo a mi madre que solía hablar de la solemnidad con que la canción proclama la soledad del alma en la presencia de Dios. "No es mi padre," dice la canción aunque no recuerdo con exactitud las palabras. "no es mi madre, no es mi hermano; soy yo, Señor, que necesito oración."

Ahí tenemos el clamor del alma humana, en su espantosa separación de todo lo demás, en la terrible soledad de su existencia como alma indivisible a inmortal.

Esa soledad y esa naturaleza indivisible del alma son propias de todos los hombres, cualquiera que sea su condición. Es una de las cosas que más nos constituye como hombres. Así fuimos hechos en la creación de una vez por todas. Ni siquiera el pecado lo destruye, aunque el pecado hace que ya no sea una bendición sino un horror y maldición indescriptibles.

Esto, en breve síntesis, es lo que la Biblia quiere decir cuando afirma que el hombre time alma.

A estas alturas se nos hace necesario detenernos por unos momentos en una cuestión subsidiaria, a fin de que la enseñanza de la Biblia respecto a la naturaleza del hombre aparezca en toda su sencillez.

Hemos dicho que según la Biblia el hombre time cuerpo y alma. Pero machos que leen 1a Biblia ? y algunos no sólo eruditos sino incluso lectores piadosos ? nos han dicho que esto no es todo lo que enseña la Biblia. No, dicen, el hombre según la Biblia está compuesto de cuerpo, alma y espíritu. Defienden, pues, una división no bipartita sino tripartita de la naturaleza del hombre.

Quienes tienen esta idea difieren, claro está, algo en cuanto a lo que constituye la diferencia entre lo que llaman el alma y lo que llaman el espíritu. Algunos consideran al "alma," como simplemente el principio de la vida animal ? el principio de vida que el hombre comparte con los animales inferiores. Pero me inclino a pensar que en la forma más popular de esta teoría se considera que el "alma" comprende las facultades del hombre incluyendo las del intelecto, sentir y voluntad, que son facultades específicamente humanas, pero no comprende una parte todavía irás elevada de la naturaleza del hombre por la que entra en comunión con Dios.

¿Es correcta o incorrecta esta teoría? ¿Enseña realmente la Biblia que el espíritu del hombre ha de distinguir se del alma, o bien enseña que el alma y el espíritu del hombre son exactamente la misma cosa, pero con dos nombres distintos ?

Creo que la respuesta a este interrogante se encuentra con especial claridad en un gran pasaje de la Biblia, el pasaje que se encuentra en el segundo capítulo de la Primera Carta a les Corintios y en el comienzo del tercero.

En ese pasaje Pablo distingue varias veces alma y espíritu, y distingue al hombre a quien caracteriza el "alma" del hombre a quien caracteriza el "espíritu." "Pero el hombre natural," dice, "no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie." Acabo de citar 1 Co. 2:14s. Esta traducción, como veremos en unos momentos, es excelente, muy adecuada al texto original. Pero lo que el texto griego dice en lugar de "hombre natural" es "hombre anímico" ? adjetivo que no resulta apropiado en este caso.

Pero si la Biblia contrasta el "hombre anímico" o el "hombre?alma" con el "hombre?espíritu" en este pasaje, ¿no será esto un ejemplo muy claro de la división tripartita de la naturaleza del hombre, la división no sólo en cuerpo y alma, sino en cuerpo, alma .y espíritu? ¿No distingue este pasaje con toda claridad al espíritu del hombre del alma del hombre ?

La respuesta es un "no" rotundo. Por el contrario, este pasaje se opone bien claramente a la división tripartita de la naturaleza del hombre en cuerpo, alma y espíritu, y sugiere la división doble en cuerpo y alma. El hecho es que la palabra "espíritu" en el adjetivo "espiritual" que se emplea en la expresión "hombre espiritual" no se refiere al espíritu del hombre, sino al Espíritu de Dios. No veo cómo podría decirse más claramente que lo que el pasaje lo dice. "Porque, ¿quien de los hombres sabe las cosas del hombre," dice el pasaje en el versículo once, "sino el espíritu del hombre que está en él? Así también nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.'' Luego el pasaje sigue hablando acerca del hombre que conoce las cosas de Dios porque el Espíritu de Dios está en él.

¿Qué, pues, quiere decir "hombre?espíritu" u "hombre espiritual" en contraposición a "hombrealma"? Está más claro que la luz del día. El "hombre?alma" es el hombre que tiene sólo el alma humane, y el "hombre espiritual" es el hombre que, además del alma humane, time al Espíritu Santo, al Espíritu de Dios.

Qué completamente erróneo es entonces decir que el hombre "espiritual" es el hombre que ha desarrollado un aspecto o parte más elevado de su propia naturaleza, llamado "espíritu" en contraposición al "alma"! No, el hombre "espiritual" es el hombre que ha sido transformado por el Espíritu Santo, por el Espíritu de Dios, la Tercera Persona de la Trinidad, y el "hombre?alma" es el que time alma pero no transformada de este modo. La clave de este pasaje, como de otros pasajes de las Cartas de Pablo, la hallamos si pensamos en la palabra "Espíritu" del adjetivo "espiritual" escrita en mayúscula porque se refiere no al espíritu del hombre sino al Espíritu de Dios.

Muy diferente es el use de la palabra "espiritual" en la terminología religiosa moderna. Casi he llegado a odiar esa palabra, de tan mal que se emplea. Se utilice constantemente para designar al hombre religioso, al hombre que se supone ha desarrollado una así llamada capacidad religiosa peculiar en su naturaleza en contraposición a otras facultades. Así a veces se dice de algún no creyente que ocupa el púlpito, si se objeta que su predicación no está de acuerdo con la Palabra de Dios : "¡Oh, pero es tan espiritual!" Quieren decir, imagino, que no se interesa por el dinero ni por lo necesario pare comer, sino que se preocupa sólo por lo referente al espíritu humano. Esto está realmente muy lejos del sentido bíblico de la palabra. En el sentido bíblico, el hombre espiritual es el que ha sido engendrado de nuevo, y que no tiene sólo una parte de la naturaleza sino toda ella transformada por la acción sobrenatural del Espíritu de Dios.

Creo, pues, que la división tripartita del hombre en cuerpo, alma y espíritu no está de acuerdo con el significado genuino de ese gran pasaje de los capítulos segundo y tercero de lo a los Corintios. Pero ¿no hay otros pasajes de la Biblia que parecen favorecer esa división tripartita?

Me parece que el único pasaje al que se puede recurrir con una cierta verosimilitud de que sugiere dicha división se halla en 1 Ts. 5:23, en el que Pablo pide que el espíritu, alma y cuerpo de sus lectores se mantengan íntegros y sin tacha cuando aparezca nuestro Señor Jesucristo. Pero sin dude que el pasaje no se puede utilizar pare desbancar la clara enseñanza de las demás cartas de Pablo y el recto de la Biblia. Parece claro que Pablo no hace más que usar una expresión más plena pare indicar la esperanza que time de que el ser todo de los tesalonicenses se mantenga de tal modo que se puedan presentar irreprochables cuando Cristo venga por segunda vez. Acumula palabras pare expresar una idea. Creo que podemos afirmar que si hubiera habido otras palabras además de "alma" y "espíritu" pare expresar esa idea, las hubiera empleado también.

Deberíamos rechazar con firmeza, por tanto, la idea de que la naturaleza del hombre según la Biblia se divide en cuerpo, alma y espíritu. Cuanto más reflexiono acerca de ello, tanto más me convenzo de que la idea de una naturaleza tripartita del hombre es un error grave. Es un error que muchos cristianos sinceros han defendido, y ha sido defendido con erudición y reverencia; y con todo sigue siendo un error grave.

Conduce a lo que se podría llamar idea de la presencia de Dios que llena una "habitación desocupada" en ,el hombre redimido ? a la noción de que antes de que el hombre se haga cristiano tiene la naturaleza en orden a excepción de una habitación que tiene vacía, la habitación que debería ser templo de Dios. Conduce, en otras palabras, a la noción de que lo que sucede cuando alguien se hace cristiano es simplemente que una parte de la naturaleza humana, la parte "espiritual", una parte antes descuidada, se desarrolla y se le da el lugar que debería siempre tener en la vida humana.

Esta idea ,no hace justicia a las enseñanzas de la Biblia. El verdadero estado de la naturaleza humana después de la caída del hombre no es que una parte de la misma ha quedado aislada o pueda alcanzar un crecimiento raquítico, sino que toda ella está corrompida. Lo que ocurre cuando alguien se convierte a la fe cristiana no es que Dios es entronizado en una parte de la naturaleza humana que antes se hallaba como una habitación vacía, sino que todo el hombre, corrupto antes por causa del pecado, es transformado por el poder regenerador del Espíritu de Dios.

Creo, pues, que deberíamos tener bien clara la idea de que la Biblia no distingue al espíritu humano del alma humana. No se puede dudar de que estas dos palabras designan lo mismo de dos maneras diferentes, y sería interesante estudiar la diferencia entre ellas; pero lo que importa observar es que designan la misma cosa. Son simplemente dos palabras diferentes para designar lo que en castellano llamamos ya alma del hombre ya espíritu del hombre, y que, a fin de evitar confusiones, de ahora en adelante llamaremos alma humana.

¿Qué hemos hecho en esta exposición ? ¿Nos hemos dedicado a sutilezas que nos han desviado de la sencillez de la Biblia? Por el contrario, creo que hemos eliminado las sutilezas con que la interpretación de la Biblia se ha visto a veces rodeada, a fin de volver a la verdadera sencillez de la Palabra de Dios, La Biblia ofrece una idea muy sencilla de la naturaleza del hombre. El hombre, según la Biblia, tiene cuerpo y también alma.

Creo que deberíamos volver a esa enseñanza simple de la Biblia.

Cuando volvemos a ella, estamos en condiciones de pensar en sus implicaciones. No distraídos ya más con ningún intento de distinguir el alma del hombre del espíritu del hombre, podemos pasar a contemplar el gran misterio que la Biblia designa con esas dos palabras.

Ese misterio lo proclama la Biblia cuando nos dice que Dios hizo al hombre a imagen suya. "Y creó Dios al hombre a su imagen," dice la Biblia, "a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó."

La "imagen de Dios" no se puede referir al cuerpo del hombre porque Dios es espíritu; se debe referir por tanto al alma del hombre. El alma del hombre ha sido hecha a imagen o semejanza de Dios.

Pero ¿qué hubo en el alma del hombre, cuando fue creado, que fuera semejante a Dios? Un elemento importante en esa semejanza ya ha sido mencionado. Dios es persona, o, mejor, tres personas en un solo Dios y el hombre es persona . En esto el hombre es semejante a Dios.

¡Qué misterio tan estupendo es esto! Aquí tenemos al hombre, criatura finita, salido de la mano creadora de Dios, y que anda por la tierra con un cuerpo hecho del polvo de la tierra. Y con todo, este ser, tan insignificante como pueda parecer a primera vista, posee el don extraño yterrible de la libertad personal, y es capaz de gozar una relación personal con el Dios infinito y eterno. Esto quiere sin duda decir la Biblia cuando afirma que Dios creó al hombre a su imagen.

¿Pero significa sólo esto?

Algunos así lo han afirmado. Han dicho que la imagen de Dios en el hombre significa no que el hombre fue creado en modo alguno como persona igual a la de Dios, sino simple y solamente que es persona. No implica, dicen tales personas, ninguna semejanza moral entre el hombre como creado y Dios.

Los que esto afirman se dividen en dos clases.

En primer lugar, hay quienes han dicho que el hombre antes de caer en el pecada era un ser neutral respecto al bien y al mal. Era hombre, y esto era todo. No era ni bueno ni malo, y a él le correspondió decidir ser bueno o malo. Nada había decidido entre el bien y el mal. Si hubiera decidido algo bueno se hubiera vuelto bueno y si hubiera decidido algo malo, malo; pero tal como Dios lo creó no era ni una cosa ni otra. Era como Dios simplemente porque tenía libertad personal; y la libertad personal, y no la bondad, es lo que la Biblia quiere decir con imagen de Dios.

Esta opinión implica un error mortífero. Implica el error mortal en cuanto que considera la voluntad del hombre como algo que oscila en una especie de vacío que no se puede llamar ni bueno ni malo porque la persona lo sea. La Biblia no contiene tal idea. La Biblia dice : "De la abundancia del corazón habla la boca," y: "No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos." Según la Biblia las acciones buenas proceden de la persona buena y las acciones malas de la persona mala; según la Biblia, la bondad y la maldad no es algo que simplemente pertenece a acciones conscientes individuales sino que también pertenece a algo que es mucho más hondo que las acciones individuales. Si somos fieles a la Biblia, no podemos en modo alguno hablar de alguien que no es ni bueno ni malo; no podemos hablar de alguien que es moralmente neutral, cuya calidad moral depende sólo de acciones futuras suyas, que es buena sólo en cuanto cada una de sus acciones concretas lo son y malo sólo en cuanto son malas. Deberíamos descartar en forma total toda esa idea.

Otros teólogos han sostenido una idea parecida a la que acabamos de exponer, pero se han esforzado en evitar algunas de las implicaciones más obvias que contiene.

Dicen que el hombre fue creado moralmente neutral. Con esto afirman algo muy semejante a la idea que acabamos de exponer. La imagen de Dios según la cual dice la Biblia que el hombre fue creado significa, dicen estos teólogos, sólo libertad personal, no bondad. Pero luego, prosiguen, Dios dio de una vez a1 hombre ? aparte de la creación ? un don sobrenatural de bondad, que fue necesario para asegurar la armonía en sus apetitos. Cuando el hombre cayó al pecar contra Dios, lo que sucedió fue simplemente que ese don sobrenatural y agregado de la bondad se perdió, pero la imagen de Dios, que consistía tan sólo en la naturaleza del hombre como persona libre, permaneció intacta.

Esta idea también es completamente errónea. Implica una visión muy superficial del pecado, y es del todo opuesta a la enseñanza de la Palabra de Dios.

No, cuando la Biblia nos dice que el hombre fue creado a imagen de Dios, quiere decir algo más de que el hombre recibió libertad personal.

Esta libertad es, desde luego, un elemento necesario en lo que la Biblia quiere decir por imagen de Dios; pero no es todo lo que la Biblia quiere decir. La Biblia quiere decir también que el hombre fue creado como semejante a Dios en cuanto que era bueno. No fue creado moralmente neutral ? en realidad la noción misma de una persona moralmente neutra es una monstruosidad ? sino que su naturaleza fue positivamente dirigida hacia lo bueno y opuesta a lo malo. La bondad no fue algo accidental, algo que le fue dado después de haber sido creado; sino que fue algo que formó parte de su naturaleza en el mismo acto creador de la mano de Dios. Acerca del hombre al igual que acerca del resto de la creación la Biblia dice : "Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera."

Con todo el hombre cayó. ¡ Qué caída tan grande fue! No fue simplemente la pérdida de un don que no formaba parte del ser original del hombre, sino que fue la pérdida de algo que desde el principio perteneció a la imagen misma de Dios en el hombre. ¡Qué tristemente desfigurada quedó la imagen de Dios! De esto hablaremos en la charla siguiente.

13: EL PACTO DE VIDA

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13: EL PACTO DE VIDA

Mencionamos en la última charla que cuando la Biblia afirma que Dios creó al hombre a imagen suya quiere decir algo más que el hecho de que el hombre significa esto y algo más. También significa que hubo una semejanza moral entre Dios y el hombre. El hombre en cuanto creado, en otras palabras, era como Dios no sólo por ser persona sino también por ser bueno.

Vimos que esta idea de la imagen de Dios en el hombre, si bien la niegan diversas formas erradas ? de pensar, se basa en consideraciones muy sólidas que se deducen de toda la forma en que la Biblia habla de la creación del hombre. Y también se basa en dos pasajes del Nuevo Testamento en los que deberíamos fijar ahora la atención. Estos pasajes se hallan en el capitulo tercero de la Carta a los Colosenses y en el capítulo cuarto de la Carta a los Efesios.

En Colosenses 3:10, Pablo habla de sus lectores que se han despojado del viejo hombre "y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno:" Aquí tenemos una mención de la imagen de Dios. ¿Qué luz arroja este pasaje sobre el problema del significado de la imagen de Dios?

Sin duda que la referencia en este caso no es en forma directa a la primera creación del hombre, la que ahora nos ocupa, sino a la nueva creación que tiene lugar cuando alguien se vuelve cristiano ? esa nueva creación que en esencia es lo mismo que en otras partes de la Biblia se llama nuevo nacimiento.

Pero aunque la referencia directa es a la nueva creación, hay una alusión evidente a la primera creación, ya que se usan en parte las palabras mismas de Gn. 1:27; y en concreto en este pasaje se nos enseña algo muy importante acerca de lo que significa la imagen dé Dios en el pasaje del Génesis. La. imagen de Dios, que se menciona en Colosenses, quiere ser a todas luces la misma en esencia que la imagen de Dios de la que se habla en el pasaje de Génesis.

Muy bien, entonces. Examinando lo que Pablo dice en esta carta acerca de la imagen de Dios podemos comprender mejor qué significa tal expresión en Gn. 1:27.

¿Qué demuestra, pues, nuestro examen . del pasaje paulino? Muestra que la "imagen de Dios" según la Biblia implica conocimiento. "Revestido del nuevo (hombre)," dice Pablo, "el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno."

Pero esa palabra "conocimiento" es a todas luces un término muy rico. El conocimiento del que Pablo habla, y que dice que forma parte de la imagen de Dios en el hombre, no es un simple conocimiento intelectual como el que los demonios poseen cuando tiemblan ante Dios, sino que incluye también una comprensión genuina de Dios que sólo poseen quienes viven en comunión con El. Ese conocimiento por tanto debe haber formado parte de la imagen de Dios según la cual el ? hombre fue creado al principio de acuerdo con el Génesis.

No quiero decir que el pueblo redimido de Dios, el pueblo que ha experimentado la nueva creación o el nuevo nacimiento, no tenga más conocimiento de Dios que el que Adán tuvo cuando fue creado; en realidad time mucho más. Pero a pesar de todo, de este pasaje de Colosenses sacamos la idea bien clara de que la idea bíblica. de la imagen de Dios, según la cual dice Génesis que el hombre fue creado, incluye un conocimiento que es un patrimonio tanto moral como espiritual.

El otro pasaje del Nuevo Testamento que les quiere mencionar es Efesios 4:24. En ese pasaje Pablo habla de sus lectores en el sentido de que han aprendido de tal modo a Cristo que se han vestido del nuevo hombre, "creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad." Aquí como en el pasaje de Colosenses Pablo habla de la nueva creación, por la que los hombres se hacen cristianos, y no de la primera creación del hombre referida en el libro de Génesis. Pero aquí al igual que en el pasaje de Colosenses hay una alusión clara a esa primera creación del hombre y se la ilumina. Las palabras "según Dios" significan "con Dios como modelo." Así pues, el pasaje enseña claramente que el hombre que es creado "con Dios como modelo," o ? para expresar la misma idea con otras palabras ? que es creado según la imagen de Dios, posee necesariamente justicia y santidad. Por ello cuando el libro de Génesis dice que Dios creó al hombre a imagen suya quiere decir ? si interpretamos la Escritura con la ayuda de la Escritura ? que Dios creó al hombre en justicia y santidad.

Cuán completamente se derrumbaría el paralelismo evidente entre la nueva creación y la primera creación si la imagen de Dios se interpretara en una forma del todo distinta en los dos casos ? indicando justicia y santidad en el caso de la nueva creación y el simple don de libertad personal sin cualidad moral en el taco de la primera creación! No, nada tan inconsecuente se da a entender. Cuando la Biblia habla de ser igual a Dios como ideal pare el hombre ? como por ejemplo cuando Jesús dijo, "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" ? piensa ante todo en la semejanza moral. Por ello no se puede aceptar que la semejanza moral se excluya cuando el primer libro de la Biblia nos dice que Dios creó al hombre a imagen suya.

El Catecismo Menor, entonces, time perfecta razón cuando dice, en respuesta a la pregunta, "¿Cómo creó Dios al hombre ?": "Dios creó a1 hombre varón y mujer, según su propia imagen, en conocimiento, justicia y santidad, con poder sobre las criaturas."

Bien, de todos modos hasta aquí hemos llegado en nuestra exposición de la relación de Dios con el hombre. El hombre fue creado en conocimiento, justicia y santidad.

Pero ¿dejó Dios al hombre por su cuenta después de que lo hubo creado? No, no lo dejó por su cuenta : hizo un pacto con él.

Esta fue, claro está, sólo una de las cocas que Dios hizo con el hombre. Con su providencia preservó y dirigió al hombre y a todas sus acciones del mismo modo que preservó y dirigió a todas las criaturas. Pero el Catecismo Menor tiene razón en escoger ese pacto con el hombre como "acto especial de la providencia" que Dios tuvo "con el hombre, en el estado en que fue creado."

La Biblia, sin embargo, no emplea en realidad la palabra "pacto" en este taco concreto. Pero el acuerdo que describe se asemeja tanto a otros acuerdos pare los que emplea ese término que no es posible negarles a los teólogos el derecho de emplear ese término también en el taco que nos ocupa. Es evidente que Dios sí estableció, según el libro de Génesis, lo que, según la forma en que la Escritura se expresa en otros pasajes, se llama un pacto.

Ahora bien cuando la Biblia habla de "pacto" en un contexto como éste, en que Dios era uno de los pactantes, no quiere decir exactamente lo que ,nosotros queremos significar cuando empleamos ese término. Por "pacto," en lenguaje más moderno "contrato," queremos decir un acuerdo que cede una de las dos partes puede aceptar o no según le plazca. La Biblia no quiere significar un pasto o contrato ordinario como éste cuando emplea ese término pare el acuerdo entre Dios y el hombre. La razón es que si bien el hombre es una de las dos partes, no puede escoger entre aceptar el acuerdo o no. Por lo menos no time en modo alguno libertad pare proponer otro acuerdo en lugar del que Dios presenta. No puede decirle a Dios:"No, no quiero establecer ese acuerdo contigo; lo que yo propongo es esto; puedes aceptar este contrato que lo ofrezco, o ?si no, no habrá acuerdo ninguno." Podría decir algo semejante a la otra parte contratante si se tratara de otro hombre, pero no se lo puede decir a Dios.

No, Dios sigue siendo el soberano absoluto en los pactos que establece como en todo lo que hace. El hombre no hace un contrato con El en nada que se parezca ni remotamente a igualdad. El pacto es una expresión de la voluntad de Dios, no del hombre, y el hombre debe aceptar las condiciones que se le proponen, confiar en Dios en que son santas, justas y buenas, y ordenar su vide en consecuencia.

¿Por qué, pues, emplea la Biblia la palabra "pacto" para designar esos acuerdos bíblicos ? Me parece que la respuesta es bastante sencilla. La razón es que esos pactos implican una promesa de parte de Dios ? una promesa con una condición. Dios se compromete a cumplir con su parte del acuerdo. No estaba obligado a comprometerse; era perfectamente libre de no hacerlo: pero una vez lo ha hecho, una vez ha establecido el pacto, su honor depende de que cumpla con su parte.

Así sucedió en el caso del pacto que Dios hizo con el hombre en el estado en que lo había creado. Dios lo hizo libremente: no tenía oblación de hacerlo, excepto en el sentido en que todas las acciones de Dios están vinculadas necesariamente a la, bondad infinite de su propio ser. Pero si bien Dios lo hizo libremente, y no bajo presión ni obligación de la otra parte, del hombre, con todo, una vez establecido, el hombre puede estar perfectamente seguro de que cumplirá perfectamente con lo que le corresponde.

¿Cuáles fueron, pues las condiciones del pacto que Dios hizo con el hombre? Fueron muy sencillas realmente. Si el hombre cumplía perfectamente los mandamientos de Dios, Dios le daría vida. Este fue el pacto.

Es cierto que la Biblia no describe el pacto en esta forma exacta. No lo describe en forma positiva sino negativa, no en forma general sino con la presentación de un ejemplo concreto de la clase de conducta por parte del hombre que lo privaría de los beneficios del pacto. Así se expresa la Biblia:

"Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás."

Pero aunque el pacto se expresa en forma negativa, las implicaciones positivas son evidentes. A1 establecer Dios la muerte como castigo de la desobediencia, quiso decir claramente que si el hombre no desobedecía tendría vide. En la raíz de la amenaza del castigo está claramente una promesa.

Además, la única prohibición que Dios mencionó en forma expresa ? la prohibición de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal ? a todas luces se propuso como prueba de la obediencia del hombre en general.

El Catecismo Menor, por tanto, time plena. razón en hablar de este pacto como de "un pacto de vide" que Dios hizo con el hombre, "por el que le prohibió comer del árbol de la ciencia del bien y del mal bajo pena de muerte."

Se suscita entonces la pregunta de qué quiere decir la "vide" que Dios prometió al hombre en este "pacto de vide" que hizo can él, y qué significa la "muerte," que iba a ser el castigo de la. desobediencia.

En respuesta a estas preguntas creo que deberíamos decir sin terror que la vida y la muerte de las que se habla incluyen la vida y la muerte físicas. La Biblia parece enseñar en forma clara que si el hombre no hubiera desobedecido al mandato de Dios su cuerpo no hubiera muerto, no habría pasado por esa separación de alma y cuerpo que la muerte produce. Creo que el capitulo quinto de Romanos al igual que el libro de Génesis lo enseñan en forma clara.

Otro asunto es en qué forma se hubiera realizado esa preservación de vide. ¿Se? hubiera llevado a cabo en cuanto que el cuerpo del hombre, tal como fue creado, no estaba en absoluto sujeto a la muerte ? no estaba en absoluto sometido a ese proceso de deterioro que ahora penetra toda la naturaleza? No estoy muy seguro de que la Biblia quiera decir esto. Es cierto que en la Biblia, en el capítulo octavo de la Carta a los Romanos, hay algunas palabras misteriosas respecto a lo que se podrían llamar efectos cósmicos del pecado. Se las podría interpretar muy bien en el sentido de que si el pecado no hubiera entrado en el mundo, todo el curso del mismo y no sólo la humane habrían sido muy diferentes de lo que son boy día. Pablo habla de la creación como sujeta a la esclavitud de la corrupción y como gimiendo y con dolores de parto y como destinada a verse libre de esta esclavitud de corrupción pare llegar a la libertad de la, gloria de los hijos de Dios. Lo que merece sobre todo la pena de observar acerca de este pasaje en relación con lo que estamos diciendo no es que prometa una transformación gloriosa del mundo creado en el futuro. En otros pasajes de la Escritura se promete esto. Isaías, por ejemplo, habla de cuando habrá un cielo nuevo y una tierra nueva. Pero lo que merece sobre todo la pena observarse es que Pablo parece establecer una relación muy clara entre la condición imperfecta actual del mundo y el pecado. Esto está de acuerdo con lo que dice el libro de Génesis de que la tierra fue maldita por cause de Adán y que produciría espinas y abrojos pare él, el, pecador. Estos pasajes sí parecen indicar que el torso de la naturaleza hubiera sido diferente si el pecado no hubiera entrado en el mundo.

Sin embargo creo que quizá diríamos más que lo que está escrito si afirmáramos que a excepción del pecado, el cuerpo del hombre tal como fue creado y tal como hubiera sido en la descendencia de Adán, habría tenido la facultad natural de estar libre de la muerte. Hay a no dudar lo ciertas dificultades en un punto de vista como ate. No diré si son insuperables o no. De todos modos me parece que no vamos necesariamente contra la enseñanza de la Escritura si sostenemos que la prevención de la muerte, si Adán no hubiera pecado, habría ocurrido en alguna forma que no habría sido la operación del torso de la naturaleza. ¿Habría Adán sufrido quizá alguna clase de transformación o transposición antes de que el cuerpo se hubiera vuelto inmortal? Sencillamente no lo sabemos.

Sin embargo, incluso si opinamos acerca de esto en alguna forma parecida a la que acabamos de presentar como posible, me parece que seguiremos sintiendo en forma aguda la divergencia entre la enseñanza bíblica y las ideas a 1aa que estamos acostumbrados. Nos hemos acostumbrado a una idea de la naturaleza que en la práctica, aunque no necesariamente en teoría, prescinde de Dios, que universaliza lo que hemos observado en el torso de la naturaleza y prescinde del hecho de que el Creador de la naturaleza vive y puede hacer lo que le parezca con la obra de sus manos. Debido a esta idea que se ha hecho común, a algunos les parece increíble que el hombre; tal tomo fue creado, no vaya a pasar por egos procesos de deterioro y muerte que ahora vemos dondequiera que se encuentra vide, ya sea vegetal ya animal.

Pero consideremos por un momento este problema desde el punto de vista cristiano. Nosotros, los cristianos, esperamos, desde luego, la resurrección del cuerpo; aguardamos una vida que no tendrá fin, incluso el cuerpo. ¿Por qué, entonces deberíamos considerar como imposible que Adán, si no hubiera pecado, habría obtenido lo que nosotros, como redimidos, esperamos firmemente alcanzar? Quizá, de hecho, alguien puede objetar que también los cristianos morirán ; sus cuerpos, por tanto, no se ven libres de los procesos de deterioro que forman parte del mundo natural. Sí, contestamos, pero no todos los cristianos morirán; los que estén vivos cuando venga de nuevo nuestro Señor no morirán. Serán transformados sin pasar por la separación de cuerpo y alma en la muerte. Volvemos, pues, a nuestra analogía. ¿Por qué habría que considerar increíble que Dios hubiera preservado a Adán de la muerte física, de no haber pecado, si según su promesa preservará de la muerte física a algunos, por lo menos, de los que ha redimido del pecado por la muerte de Cristo? No se ve en realidad por qué no hubiera podido hacerlo.

Creo, pues, que podemos afirmar con gran confianza que si Adán no hubiera pecado no habría pasado por la experiencia de la muerte física. Hay muchos elementos misteriosos en cuanto a la forma en que se hubiera llevado a cabo esa preservación de la muerte, pero en cuanto al hecho en sí me parece que la Biblia no deja lugar a dudas. La Biblia parece más bien enseñar claramente que la muerte, incluso la muerte física, fue castigo del pecado, y que la vida, incluso la vida física, habría sido la consecuencia de la obediencia.

Se debería advertir, sin embargo, con toda claridad a este respecto que si bien la muerte física entró a formar parte del castigo del pecado, y si bien la vida física constituía parte de la vida que habría resultado de la obediencia, con todo la vida y muerte físicas no son todo lo que vida v muerte significan en este caso. Vida, según la Biblia, no es sólo existencia, sino existencia en la presencia de Dios con el goce de su favor; y muerte no es simple muerte física del cuerpo sino separación de Dios y condenación que debería llenar el corazón del hombre de indescriptible temor. Ante nuestros ojos se abre un vasto horizonte de bienaventuranza a infortunio. Terrible es, según la Biblia el desenlace entre vida y muerte.

Ese resultado de vida o muerte fue puesto ante el hombre de acuerdo con lo que el Catecismo Menor llama "pacto de vida" que Dios hizo con Adán. Ese mismo pacto a veces se llama "pacto de obras." Con razón se le llama así porque según el mismo el hombre iba a recibir vida o muerte según lo que hiciera. Según las condiciones del pacto el hombre fue puesto a prueba. No se le hizo ninguna promesa absoluta de vida; iba a recibir la vida sólo si obedecía perfectamente los mandamientos de Dios.

Creen Uds. que la prueba iba a durar para siempre, o bien creen que si el hombre no hubiera pecado habría llegado un tiempo en que se hubiera concluido ese periodo de prueba?

Sin duda que habría seguido en pie por toda la eternidad que si el hombre pecaba moriría. Esto está bien claro. Pero el problema es si habría llegado un tiempo en que ése "si" hubiera perdido toda la importancia práctica porque la posibilidad de que el hombre pecara habría desaparecido.

Esto quiero decir cuando pregunto si la prueba del hombre, tal como se describe en el capitulo segundo de Génesis, fue permanente o temporal.

Creo que la pregunta se puede contestar con toda claridad. La respuesta en realidad no se encuentra en forma explícita en la Biblia; pero los teólogos tienen razón en sostener que sí se encuentra claramente en forma implícita.

Una vez Dios hubo creado al hombre, permitió que fuera sometido a prueba. Permitió que fuera tentado. Si el hombre hubiera superado con éxito la prueba, si hubiera resistido a la tentación, ¿creen que por toda la eternidad habría corrido riesgo tras riesgo ? En otras palabras, ¿ creen que si hubiera resistido a la tentación no habría estado en mejor situación que antes? Es decir, ¿habría seguido siempre viviendo con la posibilidad de caer y nunca con la de alcanzar un estado de seguridad definitiva?

La primera alternativa parece ser contraria no sólo a las implicaciones del relato del Génesis, sino también a la analogía de la forma de tratar Dios con el hombre en otras ocasiones.

Sabemos, si creemos a la Biblia, que hay hombres para quienes ha desaparecido la posibilidad de pecar. Son los redimidos ya en la gloria.

¿En qué consiste la esperanza cristiana? ¿Consiste tan sólo en la esperanza de recibir una nueva oportunidad de obedecer los mandamientos de Dios, de ver que el pecado ha sido eliminado, de tener otra vez ante sí en otro mundo la alternativa de vida o muerte tal como fue propuesta a Adán en el paraíso?
Ningún cristiano que tenga la más mínima noción de la verdadera riqueza de las promesas grandes y preciosas de Dios dirá tal cosa. Por el contrario, la esperanza cristiana es la esperanza de un tiempo en que incluso la posibilidad de pecar habrá desaparecido. No es pues la esperanza de volver a la situación de Adán antes de la caída sino la esperanza de estar en una situación mucho mejor.

¿Pero creen que si Adán no hubiera pecado, esa situación más elevada le habría sido vedada ? ¿Creen que habría sido dejado en un peligro eterno en el que la posibilidad temible de pecar hubiera estado para siempre frente a él ?


No creo que vayan a pensar así si leen la Biblia con cuidado. No, la prueba a la que fue sometido Adán no fue una prueba eterna. Fue pasajera, y si la hubiera superado sin pecar habría recibido una bienaventuranza garantizada.

Así pues ese pacto de obras que Dios hizo con el hombre fue algo gratuito. Contenía, de hecho, una posibilidad de muerte, pero también contenía la promesa de una vida eterna garantizada. Si se cedía a la tentación, habría muerte ; pero si se la resistía, la misma posibilidad de muerte quedaría eliminada.

Ndjekësit

 

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